Las dimensiones de un dilema ético: el cambio climático.

Por Iván Salcedo.

La humanidad enfrenta un dilema ético de proporciones inéditas.

Por un lado, puede apostar por el mantenimiento del supuesto de que el cambio climático contemporáneo es una consecuencia exclusiva de un proceso astronómico o atmosférico cíclico y en consecuencia, dictaminar que cualquier acción radical, en el plano de políticas globales para la reducción del destructivo impacto antropogénico, es extemporánea y evidentemente innecesaria.

Por el otro lado, esta puede radicar políticas medioambientales y conservacionistas que busquen mitigar los drásticos cambios climatológicos registrados desde hace varias décadas. Al hacerlo les atribuiría, a todos sus actores, un rol protagónico y bajo el cual se entregaría un compromiso ineludible, de acción y responsabilidad, al proyectarles con minucioso detalle un seguro escenario caótico de pérdidas socioeconómicas colosales.

Realmente debería ser una elección obvia y de carácter unánime, pero desafortunadamente no lo ha sido. En el mundo hay quienes se mantienen injustificadamente en el escepticismo por alegadas faltas de pruebas definitivas de lo que acontece o acontecería si no se emprende “una acción”.

¿Pero por qué decir injustificadamente?

Independientemente de que, el cambio climático sea o no responsabilidad del desarrollo industrial humano, hay un riesgo extremo para el futuro de miles de millones de humanos. Un gran riesgo que representaría la perdida del habitad de cientos de millones de hombres y la destrucción parcial y total de economías en vías de desarrollo y cuyo valor científico, tanto en lo coyuntural como en lo proyectado, ha sido ratificado una y otra ves por diversos organismos internacionales debidamente acreditados.

Evidentemente sería un acto retrogrado por parte de los gobernantes del mundo el no aunar esfuerzos para detener esa amenaza colosal. No es cuestión de atribuir responsabilidades sobre el hecho, pues las proyecciones climatológicas, que proyectan este sombrío escenario, simplemente no consideran al elemento antropogénico explícitamente como variable. A simple inspección son meras mediciones atmosféricas cuyas variables son los contenidos gaseosos de la atmosfera terrestre.

¡La acción debe emprenderse ya! El tiempo se le acaba a los millones de hombres, mujeres y niños que se encuentran en zonas costeras vulnerables. A muchos ya se le ha acabado por desastres naturales que se han sucedido en los últimos años y cuya causa podría residir en el mismo cambio climático que se ha venido anticipando desde los años sesenta del siglo pasado. ¿Cuánta devastación y muerte debe de llegarle al mundo para hacerles entender a sus gobernantes la importancia de emprender una acción en contra del cambio climático y el calentamiento global.