El Petróleo segurá aumentando: ¿Cómo enfrentar la crisis?

Por Iván Salcedo.

Foto Corbis

Hace algo más de un lustro, entre los años 2002 y 2003, muchos aseguraron que el incremento suscitado en la demanda petrolera era circunstancial y que este probablemente iba a ser corregido por una mayor oferta en los años subsecuentes. Estos, analistas y funcionarios de empresas petroleras, se amparaban en la posibilidad de que los países miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) aumentaran su cuota de producción, algo que acotenció, pero que no pudo ser capaz de irrumpir la vigente tendencia positiva.

Este escepticismo se mantuvo, increiblemente, hasta finales del 2005 cuando el petróleo alcanzaba los US$60 dólares por barril. En esa coyuntura varios analistas de Wall Street señalaban que el crudo había alcanzado su punto máximo tras la crisis del Huracán Katrina y que probablemente se mantendría por debajo de los US$50 dólares de barril llegandose a sugerirla posibilidad de un precio inferior por debajo a los US$45 dólares por barril.

Evidentemente eso no se sucedió de tal manera. Así mismo fueron derrotadas decenas de predicciones que se hacían “oportunamente” después de alcanzarse un nuevo hito en los precios de esta comodidad. No hace mucho que se señalaba lo improbable de un petróleo por encima de los US$100 dólares por barril y hoy, unos meses después de haberse previsto esto, las economías mundiales compran el petroleo a US$145 dólares por barril.

Parece increible y muchos al escucharlo tienden a no reconocer lo que verdaderamente acontece y las repercuciones que esto implica para sus vidas. Lamentablemente es una realidad tangible e ineludible para todas las economías del globo: el petróleo se compra actualmente a US$145 dólares por barril.

El sentimiento que arropa a los usuarios de vehiculos de combustible fósil y energía electrica es indescriptible. Simplemente no se esta reaccionando al unísono del rompimiento de todas las barreras psicologicas existentes sobre las cotizaciones del petróleo en los mercados internacionales . Desafortunadamente, y ante su incredula reacción, toda la humanidad afronta la realidad en un lugar y coyuntura bastante incómodos: en las gasolineras al pagar el rellenado del tanque de gasolina y en los hogares al momento de recibir la factura eléctrica y/o de gas (ya sea de calefacción, natural o licuado de petróleo o inclusive todos).

En ese sentido emprender medidas estrategicas se vuelve un proceso sumamente dificil dado el modus vivendi al que estaban acostumbradas todas las familias del mundo desde hace relativamente poco tiempo y cuando el precio del crudo aún se situaba entre los US$20 y US$30 dólares por barril. Para muchos es dificil acoger la posibilidad de usar el transporte público, de privarse de encender el aire acondicionado durante el verano o de hasta dejar de encender la calefacción durante días poco templados del invierno. No obstante esta llegando el tiempo en el cuál esta dejará de ser una posibilidad ya que se concretizaría en una necesidad de ejecución ineludible. ¿Por qué no?

Si la cotización del crudo se ha disparado en un 475% durante el transcurso de un lustro y desde US$25 hasta US$145 dólares por barril. ¿Por qué no habría de llegar a US$200 dólares o inclusiva hasta los US$250 dólares por barril a finales del 2013?

Evidentemente es aterrador el pensar en lo probable que es un aumento de un gasto mensual en gasolina de US$200 dólares a US$400 o US$500 dólares en unos pocos años o meses. Si se llegara a cumplir la predicción de la OPEP sobre una cotización del petróleo a unos increibles US$170 dólares por barril, el gasto mensual en combustible, que para muchos propietarios de vehículos de utilidad deportiva (conocidos popularmente como SUVs) es de unos US$240 dólares al día de hoy, se elevaría a unos formidables US$300 dólares mensuales.

Considerandose que los mercados proyectan la estadía al largo plazo de los altos precios de los alimentos, verdaderamente no se hace descabellada la posibilidad de que algún día, por simple necesidad de subsistencia y superando el orgullo, cientos de millones recurran al transporte público de sus ciudades. Definitivamente no todos tendrán la posibilidad de costear un tanque de combustible por encima de los US$300 dólares mensuales aun considerandose recorte en rutas o “carpools” o aventones programados entre vecinos y colegas de trabajo.

El dilema se alza ante los ojos de toda la humanidad no será parecido a ninguno que hayan presenciado probablemente muchas generaciones al través de la historia. No hay elementos alentadores al corto o mediano plazo que logren efectivamente mitigar la acrecentada incertidumbre universal. Las transformaciones vendrán y la humanidad simplemente tendrá que ajustarse a nuevos estandares de comportamiento hasta que nuevas tecnologías se desarrollen y se pueda prescindir, finalmente, de la energía fósil.

Foto Corbis

En la presente coyuntura acontece algo que se proyectó desde los mismos inicios de la utilización de los combustibles fósiles: su agotamiento por su condicion de recurso no renovable. La humanidad, guiada por un instinto de negación y una lógica de conveniencia económica cuestionable por sus implicaciones éticas, ignoró un proceder que debió haberse suscitado desde hacía muchas décadas cuando se publicó el célebre “Pico de Hubbert” o el pico de la producción universal del petróleo. Este proceder debió haber sido el de la transición técnológica hacia una fuente universal energética alternativa, e inmientemente renovable, que no afectara el quehacer cotidiano de miles de millones personas del mundo cuando se hiciera efectiva la llegada al pico productivo descrito por Hubbert .

Aunque es evidente que muchas corporaciones internacionales ya han lanzado propuestas de tecnologías alimentadas por combustibles renovables como el agua y el aire (sus componentes), estas podrían no responder satisfactoriamente a una demanda desbordada por una elevación inusitada y extrema de los precios del petroleo en los mercados internacionales. En consecuencia, esta gran problemática plantea, definitivamente, la obligatoriedad de un plan individualizado, e incluso comunitario, de ahorro de energía. La inefectividad de las politicas públicas de los países del mundo, y principalmente de aquellos en vías de desarrollo, justifica perfectamente este accionar.

Medidas recomendadas para radicarse de manera individual o comunitaria:

-Restringir el uso de los automoviles hasta lo estrictamente necesario. En esta coyuntura es preciso prescindir de los largos viajes de paseo y las vueltas erraticas en “búsqueda” de un lugar de esparcimiento o recreación pudiendose utilizar el transporte público.

-Aumento en el uso del transporte público. El transporte público plantea ventajas enormes tanto al usuario como a la economía nacional. Al utilizar el transporte público se mejora indirectamente, aunque paresca increible, la capacidad adquisitiva del dinero de todos los individuos.

-Programar “aventones” o “carpools”. Si en la comunidad hay personas que asisten individualmente en vehiculos a un mismo centro de labores es recomendable realizar una programación que alterne uso de vehiculos para el ahorro de combustible de cada cual. Así mismo, si hay responsabilidades transitorias en el quehacer laboral como buscar a los hijos del instituto educativo, se puede hacer una programacion para que una de las madres, ama de casa, los busque a todos para de esta manera lograrse un ahorro aún mayor en combustibles.

-Reducir el consumo de energía dentro de los hogares. Esto realizando cambios de bombillas de alto a bajo voltaje, una reducción en el uso de aires acondicionados cuando hay temperaturas relativamente cómodas o sostenibles, eliminadose el uso de calentadores de agua electricos y restringiendose el encendido de las bombas de presión de agua.

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