¿Qué peligra: el Planeta Tierra o la Humanidad?

Por Iván Salcedo.

Desde el inicio de un proceso de industrialización extensiva, denotado por la Segunda Guerra Mundial, científicos iniciaron a notar cambios trascendentales en los componentes de la atmósfera. Estos cambios proyectados al futuro indicaban que las condiciones atmosféricas, oceanográficas e hidrológicas serían preocupantemente diferentes para los inicios del siglo XX.

Esos continuos cambios superficiales, que son proyectados en la actualidad hasta los años 2050 y 2100, son de una ocurrencia tangible e ineludible y han sido más que evidentes ante los ojos del mundo por sus consecuencias cada vez más desastrosas. Esto indiscutiblemente ha despertado el interés de la comunidad científica global, de algunos de los gobernantes de los países del mundo y de activistas ecologistas mancomunados en organizaciones de carácter local e internacional.

A consecuencia de ello se ha estado suscitando algo que podría denominarse como un enfoque erróneo de la problemática del cambio climático en términos globales. Muchas de estos científicos y organizaciones ecologistas están argumentando que el Planeta Tierra, en su absoluta complejidad, está en peligro y esto no es del todo cierto. El planeta no está en efectivo peligro, un hecho que es probable científicamente, y en cambio, quienes estarían verdaderamente en peligro, serían la humanidad y las especies dependientes a esta.

¿Por qué razón la Tierra no está en peligro?

Al través del tiempo la Tierra ha sido víctima de procesos bastante conflictivos. Durante los últimos cuatro mil quinientos millones de años de historia terrícola se han registrado catastróficos eventos como la extinción masiva de casi la totalidad de las especies orgánicas, impactos de meteoritos y cometas cuyos diámetros han sido superiores al kilómetro de longitud, ciclos volcánicos y sísmicos intensos, el reverso absoluto de los polos magnéticos de la tierra e intensas y erráticas edades de hielo. Unos eventos sumamente catastróficos que, únicamente en circunstancias y contextos extraordinarios, podrían ser comparados en magnitud con el posible impacto de la industrialización humana.

La capacidad de la tierra para sostener la vida en términos generales no se verá trascendentalmente vulnerada por los alegados efectos del accionar humano en la tierra, pues hasta la actualidad los más escándalosos escenarios planteados por científicos muestran variaciones de los niveles oceánicos por encima de los 6 metros. Este punto, en particular, puede caer en controversia ya que la tasa de extinción de especie en el planeta ha resultado ser excesivamente elevada en relación a la media de las demás épocas de las eras geológicas terrestres, sin embargo esto no ha ocurrido por cambios drásticos en las condiciones atmosféricas, oceanográficas o geológicas de la tierra, sino por la destrucción de los hábitats de la fauna y flora terrícolas por la urbanización humana. En resumen, los hombres están exterminando estas especies y no han sido los cambios en las capas atmosféricas , oceanográficas y geológicas del planeta los responsables de ello.

En definitiva, lo que se está sucediendo en la Tierra no afectará de manera significativa su capacidad para retener a los humanos y a las demás especies de animales u plantas , pues los cambios no cambiaran peligrosamente la proporción de los bioelementos almacenados en cada una de las capas terrestres tal y como han ocasionado anteriores eventos de amplio y efectivo conflicto terrestre. Los humanos, por otro lado, sí podrían estar autodestruyendo su hábitat con acciones que potencialmente podrían elevar de manera mínima las temperaturas de los océanos y la atmosfera.

La tierra no peligra, pero sí toda la humanidad. La Tierra, probablemente, retendrá su capacidad de albergar vida durante cientos de millones de años y una indicación que contradiga esto, con un enfoque puramente antropogénico, solo puede considerarse como un atentado ignorante de arrogancia por parte del hombre contra una “entidad” que ha sobrevivido cuatro mil quinientos millones de años de adversidades aún mayores que la industrialización de la sociedad humana.

Ha llegado el tiempo para que las organizaciones ecologistas cambien sus “eslóganes” y dejen de preguntarle a los gobernantes del mundo sí están en la dispuestos a salvar a todo el planeta, pues este no peligra realmente. En cambio ya sí es hora de que estos empiecen a preguntarles si desean salvar a los miles de millones de hombres que viven en zonas costeras y si están en la disposición de salvar a toda la humanidad!

Foto John Blackford

El Petróleo segurá aumentando: ¿Cómo enfrentar la crisis?

Por Iván Salcedo.

Foto Corbis

Hace algo más de un lustro, entre los años 2002 y 2003, muchos aseguraron que el incremento suscitado en la demanda petrolera era circunstancial y que este probablemente iba a ser corregido por una mayor oferta en los años subsecuentes. Estos, analistas y funcionarios de empresas petroleras, se amparaban en la posibilidad de que los países miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) aumentaran su cuota de producción, algo que acotenció, pero que no pudo ser capaz de irrumpir la vigente tendencia positiva.

Este escepticismo se mantuvo, increiblemente, hasta finales del 2005 cuando el petróleo alcanzaba los US$60 dólares por barril. En esa coyuntura varios analistas de Wall Street señalaban que el crudo había alcanzado su punto máximo tras la crisis del Huracán Katrina y que probablemente se mantendría por debajo de los US$50 dólares de barril llegandose a sugerirla posibilidad de un precio inferior por debajo a los US$45 dólares por barril.

Evidentemente eso no se sucedió de tal manera. Así mismo fueron derrotadas decenas de predicciones que se hacían “oportunamente” después de alcanzarse un nuevo hito en los precios de esta comodidad. No hace mucho que se señalaba lo improbable de un petróleo por encima de los US$100 dólares por barril y hoy, unos meses después de haberse previsto esto, las economías mundiales compran el petroleo a US$145 dólares por barril.

Parece increible y muchos al escucharlo tienden a no reconocer lo que verdaderamente acontece y las repercuciones que esto implica para sus vidas. Lamentablemente es una realidad tangible e ineludible para todas las economías del globo: el petróleo se compra actualmente a US$145 dólares por barril.

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Clima: Temporada Ciclónica del 2008

Por Iván Salcedo.

La Administración Nacional Oceanográfica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA) señaló en un informe publicado el día 22 de Mayo que las probabilidades de una temporada cuya actividad sea superior a la norma son de aproximadamente un 65%.

Las probabilidades, que se fundamentaron en un complejo análisis de los patrones climatológicos presentados durante el año, también señalan que las probabilidades de una temporada cuya actividad sea igual o superior a la norma son de un 90%. Esto significa que se esperarían en el Atlántico al menos 11 tormentas nombradas y de las cuales 6 serían huracanes.

Las proyecciones de esta agencia federal estadounidense se fundamentaron en el análisis de dos elementos climáticos trascendentales. El primero ha sido la posible perpetuidad de las condiciones que han incidido a temporadas ciclónicas por encima de la media desde el año 1995 y el segundo ha sido el posible comportamiento errático de la “Niña”.

Los resultados de dicho análisis fueron los siguientes:

-Continuación de las condiciones de alta actividad presentadas desde mediados de los años noventa.

Estas condiciones climatológicas se sucederían en dependencia a la ocurrencia de los efectos relacionados a una “Niña” o en su defecto a un “Niño” neutral.

Este probable escenario para los meses desde Agosto a Octubre estaría descrito por vientos de cizadura reducidos en el Atlántico Central en conjunto a un decrecimiento de la tensión aérea sobre la superficie oceánica y a un aumento de la humedad. De la misma manera se presentaría favorablemente la Corriente Occidental Africana, una sucesión de vientos alisios débiles y también la expansión de vientos occidentales de altura hacia el oeste.

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Cambio Climático: Reflexiones y Recomendaciones.

Por Iván Salcedo.

El calentamiento global tiene una atribución humana que, por más ligera que sea, termina comprometiendo al hombre ética y moralmente. Este compromiso moral lo obliga a radicar acciones para hacer más eficiente su accionar en la tierra con la finalidad de garantizarles a aquellas generaciones humanas de los siglos XXII y XXII un equilibrio climatológico lo suficientemente sostenible para su bienestar.

Sería un grave error de los gobiernos del mundo no aportar ninguna solución para evitar los efectos que se predice podría tener el calentamiento global en las próximas décadas, pues no sólo estarían en juego las economías mundiales, sino que también lo estarían las vidas de cientos y quizás miles de millones de personas.

Definitivamente no es tiempo de dudar. No se puede poner en riesgo a la humanidad por la simple posibilidad de que si no sucede nada, el mundo habría gastado cientos de miles de millones para nada. No es factible, pues si se radican las mismas acciones y bajo el gasto que implica y el cambio climático tal y como se predice sí sucede, entonces se habría tomado la decisión correcta y por ende la humanidad estaría a salvo por tiempo indeterminado.

Tal vez no suceda nada, pero aunque suceda la humanidad debe responder con todos los medios que tenga en disponibilidad. El cambio climático es una realidad que amenaza a la humanidad independientemente del grado de responsabilidad que se le atribuye a esta y cuyos efectos podrían ser mitigados con un esfuerzo internacional conjunto.

Un esfuerzo internacional debe incluir obligatoriamente a China, Estados Unidos y la Unión Europea ya que estos son responsables de más del 45% de las emisiones de CO2 global. En estos países se deberían implementar con más intensidad las soluciones que han propuestos los expertos en el tema.

En Estados Unidos podría establecerse el impuesto del carbón, propuesta promovida principalmente por su antiguo vicepresidente Albert Gore. En términos tributarios la nación estadounidense es pudiente a pagar este impuesto en función de regularse. Por otra parte y como lo ha establecido el gobierno federal, se debe incrementar la eficiencia de los motores de automóviles con la finalidad de aumentar la eficiencia del gasto de combustibles fósiles contaminantes.

En los Estados Unidos podría también establecerse excepciones de impuestos a aquellas corporaciones que inviertan en fuentes de energía renovables y alternativas. Así mismo podría establecerse en los países que integran la Unión Europea.

En China podría prohibirse de manera definitiva la instalación de plantas de carbón y podría fijarse un plan para desmantelar al menos el 50% de las que persisten en la actualidad en 15 o 20 años. Por otro lado sería factible que se construyesen maquinas con eficiencia energética más alta y el desarrollo de la energía nuclear para años consecuentes.
El mundo debería de consagrar un plan de beneficio comercial para países como Brasil por la importancia para el globo de sus zonas boscosas. Los países desarrollados le deberian de brindar un privilegio aduanal de carácter abierto-unilateral para evitar la explotación de zonas boscosas amazónicas. También podría ofrecérsele anualmente montos considerables como parte de un Plan de Conservación de la Selva Amazónica”.

Las dimensiones de un dilema ético: el cambio climático.

Por Iván Salcedo.

La humanidad enfrenta un dilema ético de proporciones inéditas.

Por un lado, puede apostar por el mantenimiento del supuesto de que el cambio climático contemporáneo es una consecuencia exclusiva de un proceso astronómico o atmosférico cíclico y en consecuencia, dictaminar que cualquier acción radical, en el plano de políticas globales para la reducción del destructivo impacto antropogénico, es extemporánea y evidentemente innecesaria.

Por el otro lado, esta puede radicar políticas medioambientales y conservacionistas que busquen mitigar los drásticos cambios climatológicos registrados desde hace varias décadas. Al hacerlo les atribuiría, a todos sus actores, un rol protagónico y bajo el cual se entregaría un compromiso ineludible, de acción y responsabilidad, al proyectarles con minucioso detalle un seguro escenario caótico de pérdidas socioeconómicas colosales.

Realmente debería ser una elección obvia y de carácter unánime, pero desafortunadamente no lo ha sido. En el mundo hay quienes se mantienen injustificadamente en el escepticismo por alegadas faltas de pruebas definitivas de lo que acontece o acontecería si no se emprende “una acción”.

¿Pero por qué decir injustificadamente?

Independientemente de que, el cambio climático sea o no responsabilidad del desarrollo industrial humano, hay un riesgo extremo para el futuro de miles de millones de humanos. Un gran riesgo que representaría la perdida del habitad de cientos de millones de hombres y la destrucción parcial y total de economías en vías de desarrollo y cuyo valor científico, tanto en lo coyuntural como en lo proyectado, ha sido ratificado una y otra ves por diversos organismos internacionales debidamente acreditados.

Evidentemente sería un acto retrogrado por parte de los gobernantes del mundo el no aunar esfuerzos para detener esa amenaza colosal. No es cuestión de atribuir responsabilidades sobre el hecho, pues las proyecciones climatológicas, que proyectan este sombrío escenario, simplemente no consideran al elemento antropogénico explícitamente como variable. A simple inspección son meras mediciones atmosféricas cuyas variables son los contenidos gaseosos de la atmosfera terrestre.

¡La acción debe emprenderse ya! El tiempo se le acaba a los millones de hombres, mujeres y niños que se encuentran en zonas costeras vulnerables. A muchos ya se le ha acabado por desastres naturales que se han sucedido en los últimos años y cuya causa podría residir en el mismo cambio climático que se ha venido anticipando desde los años sesenta del siglo pasado. ¿Cuánta devastación y muerte debe de llegarle al mundo para hacerles entender a sus gobernantes la importancia de emprender una acción en contra del cambio climático y el calentamiento global.